LA PSICOTERAPIA DE ADULTOS QUE VIVIERON ABUSO SEXUAL Y MALTRATO EN LA INFANCIA

LA PSICOTERAPIA DE ADULTOS QUE VIVIERON ABUSO SEXUAL Y MALTRATO EN LA INFANCIA

La mayoría de los tratamientos de abuso sexual y maltrato grave van dirigidos a la protección de la víctima (separación del victimario y detención del maltrato), evaluación de riesgo y daño en todos los niveles y su consiguiente tratamiento de reparación.

Sin embargo, en la clínica de adultos cada vez es más frecuente que los pacientes consulten en primera instancia por diversos motivos distintos al abuso y a medida que avanza el proceso un porcentaje importante de personas tanto hombres como mujeres terminan por revelar episodios de abuso sexual en la infancia de grados importantes. Es decir, me refiero a personas adultas que tras consultar por distintas problemáticas deciden abrir experiencias dolorosas de abuso en su niñez (abusos de moderados a graves y muchos recurrentes) que jamás pensaron contar a nadie y muchas personas relatan que habían pensado irse a la tumba con este secreto.

Los argumentos y justificaciones de porque habían pensado no hablarlo jamás son variados y muy comprensibles, no obstante la mayoría de las personas terminan por decidir expresarlo en sus procesos porque a medida que pasan los años y en conjunto con la evolución de la sociedad actual toman conciencia de las múltiples repercusiones y consecuencias que estas experiencias traumáticas le han provocado tanto a nivel personal como familiar si han construido familia. Quiero decir con esto que el abuso también genera daño en las generaciones que siguen si es que no es resuelto, ya que la mayoría de las veces las propias víctimas pueden repetir conductas abusivas debido a un entorno normalizador y que minimiza o es indiferente a los maltratos.

Quisiera detenerme un momento en las explicaciones y justificaciones que los pacientes se dan así mismos para no hablar y que también el entorno familiar lo potencia que son importantes de evaluar ya que esto perpetua y no resuelve los círculos de violencia.

Ejemplos:

  1. La idea de que el abuso ya paso hace mucho tiempo y es preferible dejar todo tal cual, no vale la pena. Que hablar podría generar más daño en el entorno
  2. La sensación de que tal vez la situación de abuso no fue para tanto y que uno podría estar exagerando, confundiendo las cosas o la realidad de ese momento y el entorno también participa en esta negación de la situación abusiva.
  3. Como adultos pese a que cuando les ocurrió la situación de abuso eran unos niños (la mayoría de los abusos sexuales que me han develado adultos en sus procesos van entre los 5 y 12 años) aun siguen sintiendo que tuvieron la culpa de lo que les ocurrió, que ellos lo provocaron, que no supieron defenderse o manejar la situación, etc., entonces como podrían hablar de un abuso del cual todavía se sienten culpables?. La regla es que los niños no tienen el criterio ni la madurez cognitiva ni emocional para defenderse y necesitan de adultos que los protejan y guíen en su crecimiento.
  4. Que van a ganar si hablan porque lo más probable que se encuentren con familiares o personas que no les crean, los pongan en duda, le pidan pruebas que ya no tienen, etc. Lo cual genera gran dolor e impotencia porque de ser victimas pasan a ser culpables y responsables de todo lo que ocurrió y que es más siguen con daños en su adultez que nunca fueron reparados. Concretamente muchas veces estamos hablando de padres o amigos de las victimas que contribuyen a la ley del silencio porque esto puede provocar un gran conflicto familiar, vergüenza que prefieren que las victimas no hagan mayor problema y con el tiempo pese a que el abuso sexual es un delito se agrega a que en muchos casos han pasado más de 20 años de lo ocurrido por tanto legalmente ya prescribió.
  5. La estigmatización social y familiar con la que deben cargar las victimas es muy potente frente a hablar o no hablar ya que en general lo que se observa en la realidad es que cuando se abre uno de estos temas por una persona su entorno social y familiar muchas veces tiende a desligarse, apartarse, angustiarse desde no saber cómo manejar esta situación y lo viven casi como si fueran personas infectadas o algo viral.

 

Sin duda todos estos argumentos tienen mucho asidero en la realidad familiar, laboral, social respecto a lo que ocurre cuando una persona se atreve a hablar respecto de un abuso sexual. No obstante cabe destacar que muchas de las personas que deciden hablar de lo vivido en su infancia, hoy aun cargan con muchos conflictos, traumas, disfunciones e incluso trastornos psicológicos derivados del abuso. Como es esto, quiero decir que son personas concretamente que pese a que parezcan llevar una vida relativamente normal, trabajan, tienen hijos, estudian, se casan, etc. Refieren que en sus vidas hay inseguridades profundas, miedo de confiar en las relaciones interpersonales, disfunciones sexuales importantes, inestabilidad emocional crónica, trastornos depresivos y ansiosos, problemas de consumo de drogas o alcohol entre otros. Dicho de otro modo se observa en la clínica que experiencias traumáticas y de daño en la niñez se asocian a diversas patologías psiquiátricas en la adultez. Hay mayor incidencia de cuadros depresivos, trastornos de personalidad, adicciones, etc.

 

Por este motivo resulta esencial que los adultos que hayan vivido esta experiencia en sus vidas hoy se atrevan a resolverlo, tratarse, pedir ayuda, ya que la realidad es que a todos de una u otra manera esta problemática nos alcanza y afecta y debemos comprometernos e implicarnos en detener uno de los grandes flagelos de la humanidad: La violencia y  manejo de la agresión que tanto daño genera en personas, madres, padres, hijos, familia extensa, etc. Esto es responsabilidad de todos!!!

Ps. Macarena Correa
Especialista en adultos con formación de postítulo, orientación psicoanalítica de la Pontificia Universidad Católica de Chile.