DERIVARON A MI HIJO POR DEFICIT ATENCIONAL E HIPERACTIVIDAD!: QUE HAGO?

DERIVARON A MI HIJO POR DEFICIT ATENCIONAL E HIPERACTIVIDAD!: QUE HAGO?

Hoy en día pareciera resultar que todos los niños tienen de algún modo o grado déficit atencional o hiperactividad y o sino es mejor llevarlo a una evaluación profesional para asegurarse de que todo va bien y certificar en el colegio que no tiene problemas. Ya a los 6 años y es más, muchas veces en los colegios te lo vienen sugiriendo terminado el primer semestre de Prekinder o Play Group…

Debo señalar que no es que esté diciendo que no se deba derivar a un niño a profesionales cuando lo requiera (psicólogos psiquiatras), pero hoy pareciera que todos los niños y padres debieran tener un 7 en conducta, en notas, asistencias, en relaciones con sus pares, menores y superiores, en realidad  cumplir con todo no importa cómo, olvidándonos de la particularidad que cada uno de las personas tiene, los distintos ritmos en que nos desarrollamos y los distintos contextos familiares y ambientales de los cuales provenimos.

Es por esto que los invito a ponernos en contexto partiendo de la base del sentido común y sólo planteándoles algunos datos:

Estar inquieto, distraído, disperso no es lo mismo que tener un trastorno de hiperactividad o déficit atencional. Es probable que en la mayoría de los casos corresponda a una etapa del desarrollo en donde los niños están aprendiendo a controlar su conducta y fijar su atención y concentración. Lo cual quiere decir que necesita del acompañamiento familiar y escolar para ir logrando cierto grado de estabilidad de acorde a su edad. Para ello puede que no requiera ser un niño que siempre está quieto, sacarse puros 7 en todos los ramos, ni tampoco jamás perder una prenda de ropa, no pelearse nunca con un compañero, etc. En general estas conductas son parte del repertorio normal de un niño. Para que estos comportamientos pasen a ser un trastorno, enfermedad o patología deben darse de forma sostenida en el tiempo, afectar de modo importante las distintas áreas y haber fracasado en los distintas estrategias de ayuda (Haber conversado con el niño, mostrarle concretamente una forma alternativa de actuar y comportarse, etc). Créanme que si lo notan más inquieto o distraído y con problemas de conducta grave sonaran las alarmas del sentido común, ya que generara problemas en el entorno y en distintos medios en los cuales les será difícil adaptarse .

Otro punto a evaluar como padres es que frecuentemente estas conductas de inquietud, distracción e incluso impulsividad o disruptividad también se pueden confundir con trastornos emocionales reactivos de los niños a problemas familiares de diversa índole (conflictos entre padres, separaciones, estrés, dificultades económicas, cambios importantes de la dinámica familiar, etc.). Dicho de otro modo, los estados emocionales y de ansiedad de los padres pueden repercutir de forma importante en nuestros hijos lo cual tenderán a repetir según el repertorio conductual que les transmitamos.

Cabe destacar que un porcentaje importante por los cuales los padres llevan a sus hijos a un especialista está asociado a dificultades, conflictos y trastornos que las figuras parentales cargan o portan y que por diversos motivos y disfunciones aun no han podido resolver y esto repercute directamente a los hijos.

Finalmente y otro gran punto a evaluar, es que estamos envueltos en un mundo y sistema que siempre nos pide más, tanto a adultos como a nuestros niños, y esto a veces nos lleva a terminar respondiendo sin fin a cada una de las demandas que se nos cruzan, en el colegio, trabajo, en la familia que resulta difícil decir que no, filtrar, priorizar las demandas, etc., ya que todas las demandas parecieran imperiosas: Que todos los niños deben aprender otro idioma, hacer un deporte, sacarse notas sobre 6, tener tal o cual cosa que está de moda, entrar a la universidad, luego hacer una especialidad y suma y sigue. E insisto, lo que planteo no es que esto pudiera ser algo importante para nuestros hijos, pero nos toca como padres enseñarles y nosotros primero hacer el filtro y aterrizarlo a la realidad familiar, capacidades y necesidades que cada individualidad nos presenta.

Ahora a interpretar las señales de nuestros hijos!, conversen entre padres, conversen con sus hijos, y si piensan una vez leído esto que su hijo necesita ayuda o no tienen claridad de lo que le está pasando…, no dudes en consultar a un profesional. Incluso puedes partir tú como padre pidiendo orientación y consultando.